“Si ustedes no ven Los Simpsons, no importa, estoy seguro que sus hijos los ven, y si no los ven, es que son gays, y eso tampoco es un problema”. Esta es una cita textual de una conferencia dictada por Mike Reiss, uno de los 23 guionistas de la serie, en una universidad chilena, y refleja de alguna manera lo que es la serie animada, irreverencia, confrontación, pero al final con un matiz de humor que le permite desentenderse de los juicios que emite. Es decir, no se sabe hasta donde es chiste y hasta donde hay una denuncia. Y ahí está su éxito, en el minuto en que se encierra en una propuesta ideológica o algún tipo de agenda, pierde toda la libertad y flexibilidad que le han permitido reírse de todo partidos políticos, países, sexualidad, personajes públicos y cualquier cosa que pareciera estar establecida en nuestra cultura.
Esta desfachatez le ha valido innumerables censuras y críticas vinculadas a los valores. Se los culpa de crear problemas con el respeto a la autoridad, introducir una idea de contra cultura que rechaza la cultura local, moldear modelos de identidad negativos, promover la violencia, irrespetar creencias religiosas, apoyar la homosexualidad y otras tantas. Aquí viene un buen punto, uno pensaría que es un dibujo animado para adultos y que las emisoras locales lo pautan irresponsablemente en horario familiar, pero luego se descubre que los autores están muy conscientes de cuál es su público. Matt Groening, su creador, dijo: “Adoro incluir bromas que los chicos no captan. Después crecen, leen unos cuantos libros, van a la universidad, se reencuentran con esos episodios y pueden verlos a un nivel completamente distinto”. Por otro lado, el escritor Reiss, con su ácido humor acotó: “Cuando mostramos chistes de abuelos no ofendemos a ningún espectador, porque ningún abuelo nos ve, por eso nuestro rating sube y sube, porque los que no nos ven se están muriendo.” Ellos indican que gran parte del éxito se debe a que el show se trata de una familia, donde pase lo que pase, terminan juntos, porque se quieren y se protegen.
Ahora, que viene entonces, ¿hay que revisar el criterio para pautar el programa o el criterio para educar, para enseñar a niños y jóvenes a ver televisión?
El programa es un espejo crítico, para vernos como sociedad de masas, como consumistas desenfrenados, entre otras cosas. Creo que el éxito de esta serie es que vemos nuestras frustraciones, nuestras preocupaciones, nuestros problemas y podemos reírnos de ellos, y no hay nada más sano que eso.
La asociación de las imágenes, la interpretación, va a estar condicionada por el individuo y su manera de significar. En eso interviene la educación.
Si un padre decide que sus hijos no vean Los Simpsons, vea el dibujo animado que dan en el otro canal, se topará con todos los tipos de violencias explícitas, físicas y sicológicas. Es lo que hay. Como dije antes, el único camino es el enseñar a ver, porque si seguimos al pié de la letra todas las denuncias de los enemigos de Los Simpsons, terminaremos viendo solo a la Abejita Maya en TV, y ya se discutiría sobre la orientación sexual de Willi.
El antes y el después de Los Simpsons
En 1986, Matt Groening dibujaba una tira cómica llamada “Life in Hell”, un día lo llamó un admirador, era James Brooks, productor ejecutivo de "The Tracey Ullman Show" , y le pidió que creara una familia de clase media para hacer pequeños cortos que serían insertados en el programa. Estos comenzaron a exhibirse en 1987, y debido a su éxito se transformaron en serie de 30 minutos. El primer capítulo,"Simpsons roasting over an open fire", se emitió el 17 de diciembre de 1989 como especial de navidad. El resto son más de 400 capítulos y una película.
El siguiente paso, fue cumplir su sueño de hacer ciencia ficción, y fue así como nació Futurama, otro dibujo animado, éste representa una visión muy particular del mundo en el año 3000, donde se ven los mismos conflictos que tenemos ahora, pero representados por una serie de personajes como un robot sicópata, una cíclope, un cangrejo médico, un viejo inventor y su tataratatara abuelo y el joven Fry, que accidentalmente quedó congelado el 31 de diciembre del 2000 y despertó en el año 3000. Todos ellos trabajan juntos en una empresa que transporta paquetes por el espacio. Tiene un humor finísimo.
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