Las menciones publicitarias parecieran ser una penitencia, animadores obligados a interrumpir el programa para cerrar los ojos y simular un placer extasiante al meterse una cucharada de cualquier cosa que auspicia el segmento del momento. Nadie se lo cree. Como espectadores los perdonamos si nos gusta el programa, pero de ahí a creerles…
En este contexto, hay que destacar la creatividad de “Buenos Muchachos”. El domingo pasado, Pinoargotti, en lugar de hablar sobre cómo le había cambiado la vida por usar un talco de pies, le vació dos envases en los zapatos al muñeco que representa a la marca, luego, mientras se refería a las bondades de un inhalador, le introdujo dos frasquitos en la nariz a Carlos Alberto Vicente (sí, caben). Son solo dos ejemplos que hablan de búsqueda, de creatividad. Y lejos de verse como algo grotesco, disparatado o forzado, resultó ser un ejercicio de respeto al auspiciante y a nosotros los espectadores, porque fue creíble la manera en que se refieron al producto y no entorpecieron el ritmo de la transmisión, porque atrás hubo una idea coherente con el concepto del programa. Eso sí, en una producción como ésta, que maneja un buen guión, con interesantes movimientos de cámara y edición, y buena inclusión de menciones publicitarias, hay que cuidar faltas de ortografía en las sobreimposiciones. Ojo, ¡A ti te digo! Eso no es perdonable.
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