sábado, 11 de abril de 2009

Slumdog Milionaire II 09/03/127

En una columna anterior analicé la inclusión de la televisión en la película Slumdog Millonaire a partir de dos miradas: la tv como la manifestación de la esperanza, y la tv como condicionante del contexto y de la realidad que se construye o se decide aceptar.
Hoy quiero revisar dos aspectos que tienen que ver con la globalización y el traspaso cultural de lo televisivo. El primero, los formatos. No deja de ser impresionante que para todo el mundo sea un referente incuestionable el programa “¿Quién quiere ser millonario?”, desde la India, locación donde se gesta la historia, hasta Holliwood, donde es galardonada con ocho premios Oscar, pasando por el cálido Guayas y todos los países donde hoy este filme es aclamado. Poco a poco los formatos tienden a universalizarse y de pronto estamos frente a un montón de patrones repetivitivos, generalmente forzados con ligeras adaptaciones locales. El otro tema tiene que ver con la relación que se establece entre el concursante y el conductor del programa en la película, esa en donde el participante pasa a ser sujeto de burlas y menosprecio. Pareciera que la excusa del humor permite cualquier penitencia absurda o comentario grosero. Lo vemos en programas internacionales y también en varios de producción local, es ahí donde somos testigos de cómo el sueño de ser millonario se transforma en la realidad de ser humillado.

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