No es primera vez que la televisión y sus concursos se trasladan al cine. En Magnolia (1999) vimos la decadente realidad de Donnie Smith (William H. Macy), un tipo que nunca pudo superar el ser un reconocido “niño prodigio” ganador del concurso “¿Cuánto saben los jóvenes?”.
Ahora tenemos una nueva propuesta, Slumdog Millionaire, donde el programa “¿Quién quiere ser millonario?” aparece como eje articulador del argumento. A través de las preguntas y respuestas se van descubriendo historias de sobrevivencia en las barriadas y mafias de la India. En esta obra, la televisión y su concurso representan una visión muy propia de países como el nuestro: la posibilidad de escape de la miseria a través de la suerte. Encarna a la televisión como la manifestación de la esperanza, tanto para los que participan en el show, como para los empleados y amas de casa que paralizan sus actividades cuando el programa aparece. Una lectura más aguda nos permite observar en este filme, cómo lo que se escoge ver en tv, determina el contexto y la realidad que se construye o se decide aceptar. Siguiendo con esta mezcla entre vida real y ficción, el director y el protagonista, han sido invitados a participar en una edición especial del verdadero “¿Quién quiere ser millonario?” con fines benéficos para ayudar a los niños sin hogar en África e India, Ojalá tengan un final feliz.
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