martes, 1 de diciembre de 2009
Del reality a la vida real 09/05/22
Los reality shows aparecieron en la televisión como una respuesta a la gente que quería ver algo de su vida en la pantalla, sin libretos, sin historias predecibles, sin obligados finales felices. Era una manera de ser fisgones de las más banales y hasta las más crudas demostraciones de la condición humana. Así empezaron los Gran Hermano, luego los programas donde cualquier desconocido soñaba con ser bailarín, cantante o cocinero. Más tarde, cuando el temita cansó, aparecieron propuestas más radicales, tatuadores, ejecutivos que querían un puesto de trabajo, cambios de ropa, de cara y hasta cambios de esposas. Paralelamente estaban los programas donde grupos humanos se ponían a competir por una pareja, mujeres queriendo seducir a un bacheloret, hombres probando un bus de mujeres y todos juntos tratando de seducir a la bisexual Tila tequila. Ya los reality se ubicaron en el espacio de lo freak, de lo políticamente incorrecto, un test para ver hasta dónde es capaz de llegar una persona por fama o dinero. Entonces, nadie era normal, la idea de verse en pantalla, de reconocerse en lo cotidiano quedó en Segundo plano. Menos mal, entre tanto intento de buscar un espejo, siempre se ha mantenido ahí, cumpliendo ahora 20 años al aire, ese programa donde todavía podemos descubrirnos como somos de verdad, tan reales, tan simples y básicos. Menos mal están ahí Los Simpsons.
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