Un día 7 de agosto del año 1929 se proyectó en los teatros Edén y Colón de la ciudad de Guayaquil la primera película ecuatoriana "El Tesoro de Atahualpa". Una obra de cine mudo, que narraba la búsqueda del tesoro del inca, integrando costumbres, gente y paisajes locales. Fue dirigida, actuada y producida por Augusto San Miguel, apasionado hombre del teatro que apostó y perdió todo por la obsesión de hacer cine en Ecuador. Su última escena no fue distinta a la de muchos artistas, murió a los 31 años en la absoluta pobreza, pidiendo ser enterrado con sus obras. El documental de Javier Izquierdo "Augusto San Miguel ha muerto ayer" hace revelaciones interesantes sobre este tema.
85 años después las cosas han cambiado, existe el Día del Cine Ecuatoriano, tenemos un premio que lleva el nombre del precursor del celuloide en el país, que dota de ayuda económica a un proyecto de ficción y otro de cine documental. Hay más producciones y existen diversos espacios y festivales que motivan a los jóvenes a realizar cortometrajes. Están pasando cosas y hay que apoyarlas, no sólo con dinero, sino también con más espacios trabajar historias. Ese puede ser un aporte de la TV privada, la pública ya lo hace. Por ahora, va un homenaje a esos quijotes que han tenido que tocar puertas por años para financiar 120 minutos de finales no tan felices.
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