En la revolución francesa, la Asamblea Nacional, creada a partir del derrocamiento del antiguo régimen francés, redactó un documento sobre la concepción de los derechos humanos universales, inalienables e incondicionales: la Declaración de los derechos del hombre y el ciudadano (1789), en este texto ya se consideraba que "la comunicación de los pensamientos y opiniones es uno de los más valiosos derechos del hombre, todo ciudadano puede hablar, escribir y publicar libremente". 160 años después, en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, se publicó: "todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y expresión, este derecho incluye el no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión".
Esta libertad de expresión abrió la posibilidad para que la prensa independiente actúe como contrapoder -cuarto poder- del Estado. Así ha sido y es en los países democráticos, de ahí que siempre esté latente por parte de los Estados el intento de controlar y regular a la prensa.
Ahora, en Ecuador, el proyecto de Ley de Comunicación presentado por Rolando Panchana aparece en un contexto muy particular. El Presidente de la República se ha encargado de ubicar a la prensa independiente como una figura antagónica a la Revolución Ciudadana y todas sus buenas intenciones. La explícita descalificación de personas e instituciones de este ámbito han generado un clima confrontacional innegable. O estás conmigo o estás contra mí. Eso hace que aparezca de inmediato una lectura lateral de este Proyecto, que lo hace por lo menos, sospechoso.
Al revisar la ley se ve que está marcada, en un lado, por una aparente búsqueda de delimitar la labor de los medios como un espacio de respeto y tolerancia entre la sociedad, sin embargo, en la "ingenuidad" de su redacción, la ambigüedad de los buenos deseos queda abierta a infinitas interpretaciones. La mayoría de los términos y calificaciones usadas estarán sujetas a una mirada y significación arbitraria que dependerá del mismo Estado, por más que se quiera pensar lo contrario. Y es ahí donde aparece el otro lado, un marco de sansiones, sujeto a esas interpretaciones, que van desde la sanción y silenciamiento temporal, hasta la cancelación definitiva de un medio.
Aunque uno apostara por las buenas intenciones de Panchana y los miembros que integran los equipos que redactan, aprueban o supervisarían la aplicación de esta ley, es el mismo Presidente, el que se encarga de abrir la posibilidad de la duda. Es él mismo el que hace que uno piense que esto no es más que una herramienta de control. Un control que, bajo ninguna perspectiva le corresponde en democracia.
Tratar el tema de la amenaza a la libertad de prensa es importante, y para hacerlo habría que contemplar sus tres frentes: el gobierno nacional, los anunciantes y los dueños de medios de comunicación. Es una discusión profunda y que no carece de problemáticas totalmente abiertas, pero el escenario que se ha creado hace que la reflexión se concentre en la evidente obsesión Estatal por someter a diestra y siniestra a quién se oponga o no comparta a sus intereses. Eso ha hecho que aparezca el miedo y con él la autocensura y la resignación ante un aparato que no respeta nada ni a nadie.
Sería aplaudible si el rigor con que se quiere aplicar la ley a Teleamazonas, fuera el mismo que se utilizara en la aplicación de otras leyes que tienen mucha más ingerencia en la vida cotidina y el progreso de los ciudadanos.
Finalmente, hay que recalcar que el respeto se gana, no se impone. Lo otro es sólo una ilusión momentánea.
Recuadro
Censura de la dictadura en Chile.
Al asumir el gobierno militar en Chile, prohibió todas las publicaciones simpatizantes con el gobierno socialista depuesto. A través de diversas medidas, tales como la censura previa (obligando a la prensa a enviar su material a la oficina de prensa del gobierno antes de su publicación, prohibición de publicar determinadas noticias y querellas judiciales que se iniciaron en contra de periodistas y directores de medios de comunicación, fue creando una situación que afectó gravemente la libertad de expresión. Sin embargo, por más que se intentó silenciar, siempre hubo algún medio dispuesto a asumir las consecuencias de confrontar al régimen. Dentro de los periódicos que fueron bandera de la oposición, y que sufrieron ataques y censuras, hasta su cierre, estuvo el Fortín Mapocho, publicación que se destacó por tener siempre en portada un dibujo del caricaturista Gus, con una "Y", la caricatura de una vaca y un "ER", que se interpretepaba como " Y va a caer", haciendo referencia a Pinochet. (ver reproducción en el recuadro)
Recuadro 2 (si hay espacio):
"El derecho a la libertad de expresión tiene sus orígenes en la necesidad de proteger al individuo frente al Estado y constituir un contrapeso a éste. Y en ese sentido, siempre ha sido una garantía incómoda para el poder y los mecanismos para debilitarla son múltiples. En general, se han tratado de restricciones directas. Y el objeto/sujeto de éstas ha sido tradicionalmente -pero no exclusivamente- la prensa y los periodistas o quienes ejercen como tales" (Cabalín, Lagos. Libertad de expresión y periodismo en Chile, 2009)
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