Cuando no tenga nada que ofrecer, prometa el cambio. Cuando no sabe qué cambiar, ofrezca revolución, cuando no tenga ni la una ni la otra, despedaze a los otros candidatos para ganar el voto por descarte.
Pasamos otra temporada de campañas políticas. Difícil evaluar, es como si todo estuviera dicho, como si no existieran más conceptos que: el cambio, volver al pasado, partidocracia y revolución. Unos podrán agregar slogans ingeniosos, fotos más o menos lindas o frases divertidas, pero al final todo es similar, y aquí viene la pregunta. ¿es falta de creatividad? ¿es carencia de espacios en los medios para explicar sus ideas? ¿es falta de dinero para producir comerciales con calidad? No lo creo. Pienso que la repetición de conceptos tiene que ver con la ausencia de propuestas a largo plazo, de un proyecto Ecuador que permita dibujar un camino estratégico claro que muestre cómo llegaremos de un punto al otro. En su lugar, se ve que la mayoría de los candidatos se concentran en problemas inmediatos, que requieren soluciones tácticas, no necesariamente estratégicas y en promesas llenas de gases demagógicos. Tal vez, nuestra cultura de no planificar, de pensar en salvar el día, nos lleva a tomar desiciones impulsivas al votar.
Tal vez eso permite que cualquiera pueda ser candidato, porque cualquiera puede prometer. Tal vez no hay que exigir campañas más graciosas, sino candidatos más serios.
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